Escuela de espiritualidad Capítulo 6. Segunda Parte. El sufrimiento y la alegría en la espiritualidad cristiana

Escuela de espiritualidad Capítulo 6. Segunda Parte. El sufrimiento y la alegría en la espiritualidad cristiana

No se conoce ningún texto bíblico que narre que Jesús se rio o sonrió, sin embargo sí se encuentran textos que dicen que Jesús lloró (cf Jn 11,33). Esto no quiere decir que el Señor fuera una persona seria y que nunca se rio. Jesús de Nazaret fue ungido por Dios con la plenitud del Espíritu Santo, y uno de los frutos del Espíritu Santo es la alegría (cf Gál 5,22).

La alegría de Jesús es la alegría propia del que se siente lleno de la presencia de Dios. Es una alegría interior que acompaña a todas las obras de Jesús. Incluso en el sufrimiento existe una alegría interior de sentirse protegido por la mano de Dios nuestro Padre.

La alegría de los cristianos es alegría pascual, que surge como resultado de la esperanza de que la muerte no es la última palabra de la historia. Hoy el combate contra la amargura y el desaliento de uno mismo es tentación inevitable ante las enormes resistencias que es necesario enfrentar en la opción preferencial por los pobres, ante la apatía de muchos que escuchan la voz del Evangelio y ante la falta de espíritu en la acción evangelizadora. Pero por encima de todo eso está la intervención de Dios, que muchas veces se hace invisible. La alegría irrumpe en nuestra vida con toda su fuerza cuando damos fe ante los demás de que Dios no nos abandona, Él camina siempre al lado de su Pueblo.

«La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría» (EG 1), con estas palabras inicia el Papa Francisco su exhortación apostólica Evangellii gaudium.